miércoles, 3 de diciembre de 2008

FIDEL CASTRO EN CHILE: LLEGARÁ UN TIEMPO EN QUE TODOS SEREMOS LATINOAMERICANOS



PARTE FINAL DEL DISCURSO DE FIDEL CASTRO
EN EL ESTADIO NACIONAL, SANTIAGO DE CHILE, CHILE,
2 DE DICIEMBRE DE 1971.

Hay algo que nos impresionó hoy profundamente, y fueron las palabras del Presidente (APLAUSOS), en especial cuando reafirmó esa voluntad de defender la causa del pueblo y la voluntad del pueblo. En especial cuando pronunció esa épica frase: que era Presidente por voluntad del pueblo y que su deber lo cumpliría hasta el día en que cumpliera su mandato o lo sacaran muerto del Palacio Presidencial (APLAUSOS).
Y quienes lo conocemos, quienes lo conocemos, sabemos que el Presidente no es hombre de frases, que es hombre de hechos (APLAUSOS). Quienes conocemos su carácter sabemos que así es.

Y cuando se cuenta con ese sentido de la dignidad, cuando el pueblo sabe que puede confiar en el hombre que hoy lo representa y que de tal manera pronuncia en esa lacónica frase su decisión de resistir los intentos del enemigo exterior, en complicidad con los reaccionarios interiores: cuando el pueblo puede contar con eso y cuando los enemigos saben eso, ya eso constituye una seguridad, una confianza, una bandera.
Y nosotros como latinoamericanos felicitamos de corazón al Presidente por esa valerosa y digna afirmación (APLAUSOS).
Pudimos ver cómo reaccionó el pueblo, pudimos ver cómo reaccionó el pueblo ante esas palabras.
(DEL PUBLICO LE DICEN POR LAMRAZÓN O LA FUERZA).

No diría de esa manera: "por la razón o la fuerza". Hay frases que son históricas y tienen un valor por sí mismas, por su carácter histórico, y se han convertido en símbolos. ¡Por la razón, por la fuerza de la razón y por la fuerza física y de pueblo que acompaña a la razón!
(APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: "¡Viva Cuba!")

¡Cuando los jefes, cuando los dirigentes están dispuestos a morir, junto a ellos están dispuestos a morir también los hombres y mujeres del pueblo! (APLAUSOS.)

El pueblo es el gestor de la historia. Los pueblos escriben su propia historia. Las masas escriben la historia. ¡Ningún reaccionario, ningún enemigo imperialista podría aplastar al pueblo! (APLAUSOS.) Y la historia reciente de nuestro país lo demuestra, ¡lo demuestra!
¿Cómo hemos podido resistir y por qué? Por la unidad de nuestro pueblo, por la fuerza que esa unidad engendra.
Decíamos que en dos horas se reunían diez veces las personas que están aquí. ¡Pero decimos también que en menos de veinticuatro horas ponemos seis cientos mil hombres sobre las armas! (APLAUSOS.)

En nuestro país, se ha creado una estrecha e indisoluble unión entre pueblo y fuerzas armadas. Y por eso nosotros decimos que somos fuertes en la defensa.
Hay algo que los conocedores de la guerra y de la historia, los profesionales de las armas saben, y es que en el combate el hombre es decisivo; en el combate los factores morales son decisivos; en el combate la moral del hombre es lo que decide.

Los que conocen de la historia y los que conocen de las grandes proezas militares saben que cuando la fuerza está unida y está inspirada y está profundamente motivada, es capaz de vencer cualquier obstáculo, de tomar cualquier posición, de hacer los más increíbles sacrificios.

¿Qué es lo que da esta motivación profunda a nuestro país en su defensa frente al peligro exterior? ¡Ah!, es que cuando llega la hora de defender la patria, la patria no está dividida en millonarios y pordioseros, grandes terratenientes repletos de privilegios e infelices campesinos sin tierra y sin trabajo, pasando miseria de todo tipo. Es que la patria no está dividida entre opresores y oprimidos, explotadores y explotados; las grandes señoronas repletas de joyas y riquezas y las infelices mujeres que tienen que ir a ganarse la vida en un prostíbulo (APLAUSOS).

La patria no está dividida entre privilegiados y desposeídos.
Y cuando nuestro campesino es llamado a integrar las unidades del ejército en nuestro país, sabe que no está defendiendo la patria de los explotadores, la patria de los opresores. Sabe que no está defendiendo la patria de los privilegiados, sino la patria que es realmente de todos y para todos. La tierra que les da pan a todos y no abundancia a unos y hambre a otros; honores y grandezas a unos y humillaciones a otros.

Y nosotros lo hemos podido ver, lo hemos podido vivir y conocemos por nuestra propia experiencia las tremendas motivaciones, el espíritu de nuestro pueblo en el combate, de hombres y de mujeres y de todos. Saben lo que defienden. Han adquirido un gran sentido de la dignidad. ¡Es un pueblo unido tras una causa justa que defiende una patria suya, que defiende una bandera que tiene más contenido que nunca!
Los pueblos son tan nobles y de tal manera se siembran en ellos los sentimientos patrióticos, que aun en las sociedades de clase, de explotadores y de explotados, han sido capaces de combatir y de morir, porque han tenido los símbolos de la patria, la idea de la patria y han estado dispuestos a defenderla. Aun cuando hayan sido humildes y humillados y explotados en aquella tierra, ¡aún así la defienden!
Calculen sus motivaciones, sus impulsos, su grado de heroísmo cuando están defendiendo una patria que es realmente suya en el más cabal sentido de la palabra (APLAUSOS).

No habrá pueblo tan poderoso ni fuerza armada tan poderosa para cumplir la sagrada misión de defender la patria, que aquel donde han desaparecido los explotadores y los explotados. Es decir, que ha desaparecido la explotación del hombre por el hombre (APLAUSOS).

No en balde la historia nos dio una lección bastante reciente.
En la Segunda Guerra Mundial, cuando poderosos ejércitos se vinieron abajo, ¿qué había hecho el fascismo para atacar a Europa, para invadir Francia, para invadir Bélgica, Holanda, casi todo el mundo occidental? Sembró su quintacolumna, exaltó las divisiones. Y en aquella situación desarmó moralmente al pueblo. Y cuando las hordas fascistas atacaron con sus blindados y sus divisiones motorizadas rompían las líneas, sacaron el máximo provecho de la desmoralización del pueblo.

¡Ah!, cuando un día, dos años después, en el mes de junio de 1941, 4 millones de aguerridos veteranos de ese mismo ejército fascista invaden la Unión Soviética por sorpresa, ¿qué se encontraron? Se encontraron una resistencia desde el primer momento, desde el primer día, desde las primeras horas. Un pueblo que estuvo dispuesto a pelear y a morir; que dio 18 millones de vidas, que acumuló la más extraordinaria experiencia guerrera de los últimos tiempos.

Que no nos digan que los occidentales aprendieron a pelear. Con una superioridad fabulosa, y cuando el ejército nazi estaba destruido, desembarcaron por Normandía, llegando fácilmente hasta las fronteras. En el episodio de las Ardenas famoso, unas cuantas divisiones blindadas los hicieron retroceder rápidamente decenas y decenas de kilómetros.

Pues bien: los fascistas lanzaron más de 300 divisiones contra la Unión Soviética. Y aquel pueblo resistió, peleó. ¡Cómo se engañaron! ¡Creían que era un paseo militar! Pero aquel ataque cobarde y artero terminó en Berlín. ¡Y fue el ejército soviético quien aplastó las hordas fascistas! (APLAUSOS.)

Una clara lección de la historia. Nunca jamás, a pesar del proverbial patriotismo de esa nación, a pesar del proverbial patriotismo, nunca jamás en la historia se produjo una resistencia tan heroica, tan decidida. Porque ya no era la sociedad de los señores feudales ni de los siervos de la gleba, de los zares con sus poderíos absolutos. El Estado socialista resistió más. ¡Y lo extraordinario es que aquel Estado socialista, de campesinos prácticamente, sea hoy la poderosa potencia industrial que es! Y sea el país que haya podido ayudar a naciones pequeñas como Viet Nam y como Cuba para resistir peligros tan grandes como fue el peligro imperialista.

Los hombres de armas saben lo que implica un pueblo unido y combatiente, un pueblo con su motivación desarrollada al máximo. Porque esos son los hombres que hacen posible la victoria. Son los hombres que pueden resistir cualquier desproporción de fuerza. Son los hombres capaces de cualquier heroísmo.

Nosotros mencionábamos la Revolución Francesa. Cuando la burguesía era clase revolucionaria, y dirigía al pueblo, recordarán también cómo se repitió la historia: cómo ese país, invadido por numerosas naciones, resistió y derrotó a sus agresores. Es que en las revoluciones los pueblos se unen cuando desaparecen las injusticias seculares y surgen fuerzas que nada ni nadie puede aplastar.
Alguien dijo una vez, un historiador de aquella revolución dijo que "cuando un pueblo entra en revolución no hay fuerza en el mundo que pueda detenerlo". Por eso nosotros decimos que nuestro país es fuerte y unido. Hemos avanzado, y nos sentimos satisfechos (APLAUSOS).

Pero si me permiten expresarles con toda sinceridad una de nuestras conclusiones y una de nuestras impresiones a ustedes, los chilenos —que son tan curiosos, que les interesan tanto las impresiones—, les digo una impresión que me nace de lo más profundo del alma: cuando veo la historia en acción, cuando veo estas luchas, cuando veo hasta qué punto los reaccionarios tratan de desarmar moralmente al pueblo, cómo se valen de tantos y tantos medios, desde el fondo de mi corazón sale una conclusión, ¡y es que regresaré a Cuba más revolucionario de lo que vine! (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS.)
¡Regresaré a Cuba más radical de lo que vine! ¡Regresaré a Cuba más extremista de lo que vine! (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS.)

Expreso palabras que quieren dar una idea. Cuando nosotros queremos expresar, tratamos de buscar una palabra que dé una idea. Las lecciones, las experiencias me hacen sentir más profundamente identificado con el proceso que ha vivido nuestra patria. Y me hacen sentir más profundo amor por nuestra Revolución. Y apreciar los logros y los avances que hemos alcanzado.
No quiero extender mucho más estas palabras.
(DEL PUBLICO LE DICEN QUE CONTINUE).
(EXCLAMACIONES DE: "¡Fidel!", "¡Fidel!", "¡Fidel!").


Agradezco mucho la amabilidad y la paciencia de ustedes. Ustedes saben bien que tengo que irme (EXCLAMACIONES DE: "¡No!").
Ustedes saben, además, que no me necesitan aquí (EXCLAMACIONES DE: "¡Sí!" y "¡Que se quede!").

Les agradezco esas exclamaciones como un intento de desagravio por aquellos que trataron de agriar la visita, exigiendo la partida y poco más que promoviendo una ley para botarme (ABUCHEOS).

Ayer nosotros decíamos en broma, y hasta ayer bromeábamos... Hoy no podíamos estar en ánimo de bromear leyendo las noticias de los sucesos, que no quiero comentar. Solo con relación al ánimo. Cuando se leen noticias de heridos, de incendios, cosas que ocurrieron precisamente cuando nosotros en la embajada cubana celebrábamos una recepción, donde estaban presentes más de 600 personalidades chilenas. Y hasta aquellos momentos bromeábamos, y decíamos: ¿Cuáles son los requisitos para hacerse ciudadano chileno? (APLAUSOS.)
Y habla un abogado por allí. Y le decíamos: ¿Cuántos días son? ¿Cuánto tiempo de residencia? ¿Dónde están las planillas?, que quiero llenar una planilla.

Frente a las frases, a los insultos y a todo eso se podía bromear. Y se bromeaba con eso. Y no me faltaron deseos de hacer la broma en grande. Porque al fin y al cabo no le negarían ustedes a un latinoamericano que cumpliendo todos los requisitos constitucionales se hiciera ciudadano chileno. ¿En 10 años, en 20 años? Yo no sé. Eso era absolutamente en broma.

Nosotros nos sentimos en cierto modo hijos de toda una comunidad, parte de un mundo que es mucho mayor que Cuba y que Chile: que es la América Latina (APLAUSOS).

Llegarán los tiempos en que todos tengamos la misma ciudadanía, sin perder por ello un ápice de amor a nuestra tierra, al rincón de este continente donde hayamos nacido, a nuestros símbolos: a nuestras banderas, que serán banderas hermanadas; a nuestros himnos, que serán himnos hermanados; a nuestras tradiciones, que serán tradiciones hermanadas; a nuestras culturas, que serán culturas hermanadas. Y cuando tengamos el poder suficiente entre todos los pueblos para ocupar un lugar digno en el mundo, para que los poderosos no nos insulten, para que no venga el imperio arrogante y orgulloso a anunciarnos tragedias y caídas, ni amenazarnos de ninguna manera... No es lo mismo amenazar a un pueblo pequeño que a una unión de pueblos hermanos que puede ser una grande y poderosa comunidad en el mundo de mañana (APLAUSOS).

Llegarán esos tiempos, llegarán esos tiempos cuando haya sido derrotada la ideología reaccionaria, cuando hayan sido derrotados los nacionalismos estrechos, los chovinismos ridículos, que son los recursos que los reaccionarios y los imperialistas utilizan para mantener la hostilidad y la división entre nuestros pueblos (APLAUSOS), entre pueblos que hablan el mismo idioma y que son capaces de entenderse, como nos entendemos nosotros. Las ideologías reaccionarias tienden a la división.

Para que un día América pueda unirse, la América nuestra que decía Martí, será necesario derrotar hasta el último vestigio de esos reaccionarios, que quieren pueblos débiles para mantenerlos en la opresión, para mantenerlos sometidos a los monopolios extranjeros. Porque en definitiva todo eso no es más que expresión de una filosofía: de la filosofía reaccionaria, de la filosofía de la explotación y de la opresión.
Permítanme no la prolongación de esta visita, sino expresar algunas ideas más, si se desea (EXCLAMACIONES DE: "¡Sí!").

¿Qué queremos decir? Entre otras, una elemental expresión de agradecimiento a todos los que hemos tratado —y hemos tratado ampliamente con el pueblo chileno. Hemos tratado y hablado ampliamente con los obreros, los estudiantes, los campesinos, el pueblo en general, que nos recibió en tantos sitios. Hemos conversado con periodistas, hemos conversado con trabajadores intelectuales, con economistas y técnicos como los de la CEPAL. Nos hemos reunido y hemos conversado con diputados, con los dirigentes de los partidos de la Unidad Popular y de las organizaciones de izquierda. Con todos... (DEL PUBLICO LE DICEN: "¡Las mujeres!").

No las he olvidado. Nos hemos reunido con las representaciones obreras. Nos hemos reunido con las mujeres chilenas (APLAUSOS). Hemos sostenido entrevistas con el Cardenal de Chile (APLAUSOS). Nos hemos reunido con más de 100 sacerdotes progresistas, que constituyen un impresionante movimiento. Hemos dialogado con hombres del ejército, de la armada y de los carabineros (APLAUSOS). En todas partes con espíritu amistoso, con respeto. Hemos tratado de responder todas las preguntas y todas las cuestiones que hayan estado a nuestro alcance.

De estas reuniones, dos fueron las que produjeron más irritación y fueron más motivos de crítica: la reunión con el Cardenal, la reunión con los sacerdotes progresistas, y los diálogos con los hombres del ejército, la armada, la aviación y los carabineros (APLAUSOS).

Es preciso que nosotros digamos con franqueza cuáles fueron los fundamentos de esos diálogos, y por qué y cómo se produjeron.
¿Es que acaso nosotros hemos estado haciendo demagogia o contraviniendo nuestras convicciones? Porque hemos visto cómo se ha tratado de golpear sobre algunas de esas cuestiones.

Puede decirse realmente que si alguien compitió o emuló conmigo en materia de recibir insultos, fue precisamente el Cardenal. Teníamos muchas cosas que conversar con la izquierda cristiana y con los sacerdotes chilenos, amplias cosas (APLAUSOS), fundadas no en oportunismos sino en principios; no en ventajismos sino en razones profundas, en convicciones; en la convicción de la conveniencia, de la posibilidad y de la necesidad de unir en el ámbito de esta comunidad latinoamericana a los revolucionarios marxistas y a los cristianos, a los revolucionarios marxistas y a los revolucionarios cristianos (APLAUSOS).

Ampliamente conversamos esto con los sacerdotes, los fundamentos de esa convicción de hoy y de siempre. ¡Que no se confundan los problemas que crearon los oligarcas en nuestro país tratando de usar la Iglesia contra la Revolución!

Nosotros muchas veces nos hemos referido a la historia del cristianismo, al cristianismo aquel que engendró tantos mártires, tantos hombres sacrificados por la fe. Y siempre tendrán nuestro más profundo respeto los hombres que son capaces de dar su vida por su fe (APLAUSOS). Por los que no sentiremos ningún respeto jamás es por los hombres que como defienden bastardos intereses —sus egoísmos, su estómago repleto—, no son capaces de dar la vida por nada ni por nadie (APLAUSOS).

Examinamos los enormes puntos de coincidencia que puede haber entre los preceptos más puros del cristianismo y los objetivos del marxismo. Porque muchos han querido tomar la religión para defender, ¿qué? La explotación, la miseria, el privilegio. Para convertir la vida del pueblo en este mundo en un infierno, olvidándose que el cristianismo fue la religión de los humildes, de los esclavos de Roma, de los que por decenas de miles morían devorados por los leones en el Circo, y que tenía expresiones terminantes acerca de la solidaridad humana o amor al prójimo, condenatorias de la avaricia, la gula, los egoísmos.

Religión que llamó hace 2.000 años mercaderes a los mercaderes, fariseos a los fariseos. Que condenó a los ricos, y que dijo virtualmente que no entrarían en el reino de los cielos (APLAUSOS). Que multiplicó los peces y los panes, precisamente lo que el hombre revolucionario de hoy se propone con la técnica, con sus brazos, con el desarrollo racional y planificado de la economía.

Cuando se busquen las similitudes entre los objetivos del marxismo y los preceptos más bellos del cristianismo, se verá cuántos puntos de coincidencia, y se verá por qué un párroco humilde, que conoce el hambre —porque la ve de cerca—, la enfermedad y la muerte, que conoce el dolor humano... O como algunos de esos sacerdotes que trabajan en minas o trabajan entre humildes familias campesinas, y se identifican con ellos y luchan junto a ellos. O personas abnegadas que consagran su vida a atender enfermos que padecen las peores dolencias.
Cuando se busquen todas las similitudes se verá cómo es realmente posible la alianza estratégica entre marxistas revolucionarios y cristianos revolucionarios (APLAUSOS).



Los interesados en que tales alianzas no se produzcan son los imperialistas. Y son, por supuesto, los reaccionarios.

Con los militares —y cuando decimos militares comprendemos todas las armas, todos los institutos— dialogamos también ampliamente. Pero tales diálogos se produjeron de manera absolutamente espontánea. Nadie los planificó. Fue el resultado de las atenciones oficiales, de las extraordinarias atenciones con que el Presidente, los ministros, y las autoridades del gobierno quisieron rodear la visita. Y en todas partes, en todos los aeropuertos, en todos los sitios, estaban presentes también los hombres de uniforme y sus representantes (APLAUSOS).
Y espontáneamente surgieron en muchas ocasiones los diálogos: en las recepciones, en los encuentros con las autoridades. Y entre los hombres de uniforme de Chile y nuestra delegación se vio con toda claridad que había muchas cuestiones sobre las cuales se podía conversar.
En primer lugar, nuestro país ha tenido que vivir una experiencia tremenda. Los revolucionarios cubanos hemos tenido que pasar por singulares experiencias en diversas fases de la lucha. Primero, como combatientes irregulares en sus inicios; después, con el desarrollo de determinadas concepciones y tácticas de lucha. Los revolucionarios cubanos nos vimos obligados a participar en numerosas batallas en condiciones muy desiguales, en desproporciones muy grandes, a lo largo de nuestra guerra revolucionaria.

Pasamos por las más diversas fases: fases de adversidad, fases de éxito. Desde momentos sumamente difíciles hasta victorias completas, la victoria completa.
Vivimos después experiencias de todo tipo: de cuando nos invadieron el país con bandas mercenarias en todas las provincias y nos hicieron combatir contra ellas durante años. Estaban equipadas con las mejores armas de Estados Unidos, equipos de radio y todas sus técnicas.

Hemos vivido la experiencia de Girón y hemos vivido la experiencia de la Crisis de Octubre, en que nuestro país tuvo que atravesar momentos de suma tensión, de extraordinario peligro, en que nuestro país estaba virtualmente amenazado por decenas de proyectiles nucleares.

Hemos tenido que pasar por la experiencia de constituir nuestras unidades de combate para contemplar un peligro real y grande. Hemos tenido que desarrollar poderosas fuerzas armadas, crear escuelas, aprender la utilización de nuevos armamentos, de nuevas técnicas. Hemos tenido contacto con la experiencia más profunda de la última guerra, los informes y los documentos.

Es incuestionable que desde el punto de vista técnico, desde el punto de vista profesional había muchas cuestiones que podían ser objeto de diálogo. El interés de la experiencia de Cuba, del proceso de Cuba, la natural curiosidad por los acontecimientos históricos que todos los hombres tenemos. También las cuestiones de carácter humano, la competencia, la eficiencia, las tradiciones, la historia de cada país, el presente y el futuro. Cuál será el destino de nuestros pueblos en el mañana, frente a los abismos tecnológicos que crecen, frente a las naciones desarrolladas y las que se han quedado rezagadas. Cuáles son las concepciones futuras de las armas, de los nuevos sistemas de armamento.

Es decir que tanto desde el punto de vista profesional como humano, como cosas que tienen que ver con el destino futuro de nuestros pueblos, había amplios temas de este género, sobre los cuales se desarrollaban los diálogos.
Y tuvimos oportunidad de conocer muchos hombres de gran talento, de carácter, de eficiencia. Hemos tenido oportunidad de conocer muchos hombres valiosos, gracias precisamente a esos diálogos. Hemos tenido oportunidad de referirnos a cuestiones relativas a nuestras tradiciones. Hemos aprendido, digamos, mutuamente, muchas cosas.

¿Era acaso una falta? ¿Era acaso una conspiración? ¿Era acaso un delito? ¿Había razón para que alguien se sintiera ofendido? ¿Y por qué si conversábamos con los sacerdotes, y con el Cardenal y con los técnicos de la CEPAL no podíamos dialogar con los hombres de uniforme de Chile? ¿Y por qué temían tanto esos diálogos? ¿A quién se ofende con eso?

Hemos dialogado incluso en la guerra. Cuando combatíamos dialogábamos con el adversario, discutíamos. Cuando combatíamos analizábamos razones: quién la tenía y quién no la tenía. Si hemos dialogado incluso con hombres combatiendo frente a nosotros, ¿por qué no íbamos a dialogar con hombres que nos atendieron con toda caballerosidad, con toda amabilidad, con toda consideración y con todo respeto? (APLAUSOS.)



Por eso en el día de hoy a ellos queremos expresarles también nuestro agradecimiento por sus atenciones, en este día precisamente, 2 de diciembre, que ha querido la casualidad —porque nadie lo organizó así— que coincidiera con el XV aniversario del desembarco del "Granma" (APLAUSOS), en que un grupo de 82 hombres arribamos a costas pantanosas de Cuba.

La correlación de fuerzas totales de Batista contra nuestras fuerzas era de 1 000 a 1. En total tenían, entre las diversas armas, unos 80 000 hombres. Algunos días después la adversidad hizo mucho más difícil nuestra situación, y solo siete hombres con armas nos volvimos a reunir. Correlación de fuerzas: 10 000 a 1, por lo menos. Un poco más de 10.000.¡Diez mil a uno! Y en aquellos instantes nosotros no nos desalentamos, ¡no nos desalentamos!

Tal vez esto les ayude a comprender por qué no tenemos temor de señalar cuáles pueden ser las debilidades de los revolucionarios o de un proceso en un momento dado.
¡Diez mil a uno! Y aquellos hombres no se desalentaron.
Siguieron adelante, atravesaron muy difíciles circunstancias, y lucharon siempre con una correlación de fuerzas muy adversas.

Cuando incluso finaliza la guerra, la correlación es de más de 20 a 1. Por esos períodos atravesó nuestro proceso. De manera que esto, revolucionarios chilenos, lo cito en relación con este día, que es para nosotros un deber recordar, para sacar la conclusión de que un pueblo revolucionario, un pueblo armado con una doctrina, con una idea, decidido a defender una causa, no habrá forma de aplastarlo, no habrá forma de derrotarlo (APLAUSOS).

¡Decimos esto para que jamás haya desaliento en las filas revolucionarias! ¡Para que jamás haya desaliento! ¡Para que jamás la moral baje un ápice! ¡No importa la acción del enemigo! ¡No importan incluso sus éxitos parciales! Hay que decir: ¡Adelante!

Los revolucionarios se mueven por motivaciones profundas, por grandes ideas. No incitan el temor. ¡No! Aunque, desde luego, los revolucionarios saben el destino de las revoluciones aplastadas. Para citar ejemplos, dos: la revolución de los esclavos de Roma, la revolución de Espartaco, aplastada por los oligarcas, costó la vida a cientos de miles de hombres que fueron crucificados a lo largo de los caminos que conducen a Roma; la revolución de los comuneros de París, ahogada ferozmente en sangre.

Y se pueden citar varios ejemplos modernos. Cuando un proceso revolucionario se desata, por un lado surge el fascismo, con todos sus trucos y todas sus artes, todas sus técnicas de lucha, todas sus hipocresías, sus fariseismos, sus tácticas de despertar el miedo, de usar la mentira, sus ruines e inescrupulosos métodos. ¡No hay que temer! ¡Luchar con argumentos! ¡Luchar con la razón! ¡Luchar con la verdad! ¡Luchar con convicción! ¡Y luchar no por temor a las consecuencias de la derrota! Saber, sí, lo caro que cuestan las derrotas a los pueblos. ¡Luchar por el ideal! ¡Luchar por la causa justa! ¡Luchar sabiendo que la razón está de su parte! ¡Luchar sabiendo que las leyes inexorables de la historia están de su parte! ¡Luchar sabiendo que el futuro les pertenece! ¡Avanzar con las masas! ¡Avanzar con el pueblo! ¡Avanzar con las ideas! ¡Avanzar sumando! ¡Avanzar creciendo! (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS.)

Y esto que digo hoy, en que he hablado ampliamente —gracias a la paciencia y consideración de ustedes—, esto a que nos hemos referido sobre tácticas, sobre unión, sobre posibilidades de participación de todos en esta gran cruzada por la América de mañana, esto no lo he inventado al venir aquí a Chile, estas no son ideas de ocasión, porque aquí tenemos nosotros este documento, proclamado hace 10 años, que se llama Segunda Declaración de La Habana (APLAUSOS), y que nosotros consideramos conveniente referir leyendo unos párrafos, y que resumen la concepción estratégica revolucionaria desde entonces. Y tal vez estos párrafos puedan ser de utilidad para ustedes.

Al despedirnos, ¿qué podemos darles? Si tan siquiera pudieran ser de utilidad algunas ideas, algunos conceptos, nos sentiríamos satisfechos, si al menos espiritualmente hemos reciprocado de alguna manera el afecto de ustedes.
Los párrafos son estos, y están a continuación uno de otro.

"El imperialismo, utilizando los grandes monopolios cinematográficos, sus agencias cablegráficas, sus revistas, libros y periódicos reaccionarios, acude a las mentiras más sutiles para sembrar el divisionismo e inculcar entre la gente más ignorante el miedo y la superstición a las ideas revolucionarias, que solo a los intereses de los poderosos explotadores y a sus seculares privilegios pueden y deben asustar.
"El divisionismo, producto de toda clase de prejuicios, ideas falsas y mentiras; el sectarismo, el dogmatismo, la falta de amplitud para analizar el papel que corresponde a cada capa social, a sus partidos, organizaciones y dirigentes, dificultan la unidad de acción imprescindible entre las fuerzas democráticas y progresistas de nuestros pueblos. Son vicios de crecimiento, enfermedades de la infancia del movimiento revolucionario que deben quedar atrás. En la lucha antimperialista y antifeudal es posible vertebrar la inmensa mayoría del pueblo tras metas de liberación que unan el esfuerzo de la clase obrera, los campesinos, los trabajadores intelectuales, la pequeña burguesía y las capas más progresistas de la burguesía nacional. Estos sectores comprenden la inmensa mayoría de la población y aglutinan grandes fuerzas sociales capaces de barrer el dominio imperialista y la reacción feudal. En ese amplio movimiento pueden y deben luchar juntos por el bien de sus naciones, por el bien de sus pueblos y por el bien de América, desde el viejo militante marxista hasta el católico sincero que no tenga nada que ver con los monopolios yankis y los señores feudales de la tierra.
"Ese movimiento podría arrastrar consigo a los elementos progresistas de las fuerzas armadas, humilladas también por las misiones militares yankis, la traición a los intereses nacionales de las oligarquías feudales y la inmolación de la soberanía nacional a los dictados de Washington."


Estas ideas fueron expresadas hace 10 años y no se apartan un ápice de las ideas de hoy.

Nuestra Revolución ha sido consecuente con sus posiciones. No ha sido dogmática. Progresa, avanza. En un momento dado puede tener algunas fases y algunos desarrollos superiores a los de atrás. Pero sigue una línea, sigue un principio, sigue un camino. Se ha caracterizado por su confianza en el pueblo, por su confianza en las masas, por su confianza en las ideas, por la seguridad en la victoria. Se ha caracterizado por su firmeza y por su intransigencia. ¡Amplitud y suma por un lado, intransigencia con los principios por otro lado!
Hemos hablado con muchos chilenos. Hemos dialogado ampliamente. Con los únicos que no hemos dialogado ni dialogaremos jamás es con los explotadores, con los reaccionarios, con los oligarcas y los fascistas (APLAUSOS).

¡Con los fascistas no hemos dialogado ni dialogaremos jamás!

Con todos los demás chilenos hemos sentido el inmenso honor de haberlos tratado, de haberlos conocido, de haber cambiado impresiones, de haber dialogado con ellos (APLAUSOS).

Querido compañero Salvador Allende: pronto ya partiremos de este hermoso y magnifico país. Pronto nos despediremos de este pueblo acogedor, hospitalario, magnifico y caluroso. Una cosa nos llevamos: el recuerdo imborrable de esta visita, de los afectos, de las atenciones, de los honores que a nuestra delegación ustedes hicieron como representante del pueblo cubano y de la Revolución Cubana.

Solo queremos decirle, querido Presidente, a usted y a los chilenos, que con Cuba pueden contar (APLAUSOS), con su solidaridad desinteresada e incondicional, con lo que esa bandera significa, con lo que esa patria significa. ¡No la patria de los explotados, sino la patria de los hombres libres! ¡La patria donde una Revolución ha llevado la igualdad y la justicia! ¡La patria donde se ha reivindicado al hombre y se le ha dado un contenido inmenso de dignidad!

A los que pretenden impugnar la legitimidad de esa Revolución, que vean su fuerza y que expliquen cómo si no tenemos un pueblo consciente y unido —un pueblo que sabe lo que es la dignidad y la libertad—, cómo hemos podido resistir culturalmente, políticamente y militarmente al poderoso imperio yanki (APLAUSOS).

¡Ahí está nuestra patria sólida y firme! ¡Ahí está su bandera! ¡Bandera que significa la dignidad de Cuba, que significa la nación en su sentido más amplio, que significa el patriotismo en su sentido más solidario como hijos de Cuba, como hijos de América!

En esos símbolos que hoy flotan en este sitio, en esa proximidad física está también el símbolo de la proximidad de nuestros pueblos, de nuestra idea, de nuestra causa y de nuestra razón.
Y por ser hoy 2 de diciembre, permítaseme terminar estas palabras como las terminamos siempre en Cuba!
¡Patria o Muerte!
¡Venceremos!
(EXCLAMACIONES DE: "¡Fidel!", "¡Fidel!")
(OVACION)



(DEPARTAMENTO DE VERSIONES TAQUIGRAFICAS
DEL GOBIERNO REVOLUCIONARIO DE CUBA)

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